Es largo pero prometo que vale la pena, se los aseguro. Es una de las mejores cosas que he escrito.
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Recuerdos
El ser humano es una criatura curiosa e incomprensible, es el único animal que posee aquel impulso autodestructivo y masoquista que lo fuerza a herirse lentamente. Resulta verdaderamente penoso observer el método por el cual nuestra mente nos tortura y nos expone a un castigo involuntario que nos lleva suavemente a nuestra inevitable aniquilación. Es por eso que surge esta reflexión, es por eso que he planteado lo siguiente:
La vida se asemeja a un instante fugaz en comparación con los millones de años durante los que ha existido el cosmos desde su creación. Los sucesos y hechos trascendentales de nuestra existencia son, lamentablemente, pequeñas anécdotas que son consumidas por el olvido y demacradas por el transcurso del tiempo. Nuestra desaparición de este universo es insignificante a la hora de pensar que una nueva estrella que ilumine el firmamento se está gestando en el borde de la galaxia. El nacimiento de una estrella es, en efecto, un acto de mayor relevancia que nuestro propio deceso.
Lo único que podemos apreciar claramente al permanecer postrados en nuestro lecho de muerte son recuerdos... simples y normales recuerdos.
No obstante, ¿qué es un recuerdo?
¿Acaso se trata de aquellas imágenes o palabras que son retenidas por nuestra memoria y que, aunque deseemos, no podemos suprimir?
¿Acaso es aquella esencia intangible de los momentos vividos que se alberga en lo más profundo de nuestro pensamiento y nos embriaga con su dulce aroma a nostalgia?
¿Acaso podemos definirlo como la manifestación de la necesidad de atesorar los sucesos que fueron importantes en nuestro pasado y que, por lo tanto, intentamos guardar en nuestro corazón?
Sí, tal vez estas afirmaciones se asemejen al significado de lo que es un recuerdo. Sin embargo, ¿es posible seleccionar aquellos recuerdos? ¿Somos capaces de elegir rememorar aquello que nos beneficia y bloquear aquello que nos hiere? ¿Acaso podemos poseer la fortaleza necesaria para realizar tal proeza?
No, estamos vedados de dicha aptitud... Y es aquella mediocridad para controlar nuestra razón la que nos convierte en condenados, en prisioneros de nuestro propio ayer. Nos transferimos a aquellas épocas en las que solíamos sonreír, anhelamos con regresar o viajar décadas atrás para revivir, al menos una vez, las situaciones que nos brindaron felicidad.
Es sencillo añorar aquel adorado pretérito que nos colma de alegría pero, ¿qué hay de aquel siniestro pasado en que nuestros ojos se conviertieron en torrentes de lágrimas y nuestra resistencia emocional se cuestionó a sí misma frente a la crueldad de otras personas?
Nadie tiene la virtud de poder negar su propia historia, la agonía y la dicha siempre han sido partícipes de todo relato. Nuestro subconciente nos protege pero, de igual manera, nos impide ausentar de nuestro juicio aquellas evocaciones que nos generan un daño continuo y similar a una herida incurable que jamás será sanada.
Sufrimos, tememos, lloramos. Nos acobardamos ante la idea de que los hechos siniestros de nuestra trascendencia en este mundo se repitan. Nos convertimos en presas de nuestras cavilaciones y somos incapaces de notar que, frente a nosotros, existe el futuro. Somos esclavos de un remoto y devastador sentimiento alguna vez experimentado y no podemos, o no deseamos, escapar de aquella cuerda de memorias castigadoras que nos asfixia con furia y nos brinda únicamente dolor.
Derrotas, victorias, fracasos, éxitos, objetivos alcanzados y obstáculos superados. Todos ellos conforman parte de nuestro ser, cada uno forjó nuestra esencia con el acero de su enseñanza y con la marca de su error.
Fuimos construidos a través de reminiscencias, a través de memorias similares a los sueños. Fuimos creados por acontecimientos que perdurarán en nuestra alma eternamente, algunos de manera impactante y otros, de forma efímera.
Nuestras rememoraciones son un rastro de nuestra presencia en la inmensidad del espacio, de nuestro legado en este planeta y el tiempo que abarcamos en la majestuosidad de los eónes. Un recuerdo es principio, nuestro principio... Y es fin, nuestro fin.
Y es por eso que nosotros somos simplemente... El eslabón de una cadena de recuerdos.
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En fin, espero que lo hayan disfrutado. Acepto crìticas/sugerencias/comentarios/etc.
Gracias a todo aquel que se molesta en leer lo que escribo, realmente me ayuda mucho que me demuestren interés por mis textos.
Saludos,
LonelyWolf