Muy buenas, con eso de mi anterior libro acabado me ha vuelto a entrar el gusanillo de la inspiración y eso, así que escribo esta historia. La historia se ambienta en un muchacho que tiene sueños en el que puede adivinar el futuro y se encuentra en una edad no específica, como El Señor de Los Anillos.
Los capítulos serán contínuos, es decir, si me da tiempo, uno por día.
Bueno, al lío:
Spoiler para Prólogo:
Mamá me ha llamado para que le eche una mano con la huerta, así que no tengo otra alternativa. Sé que ya está mayor, y que tengo que ayudarle todo lo que pueda; pero todos los días es lo mismo: Levantarme de la cama, desayunar, limpiar nuestra casa, trabajar en la huerta, ayudar a mi padre en el trabajo y a la cama. Es la gran rutina que se ha ido heredando en nuestra familia, y eso cansa mucho. Por suerte, hoy vamos al mercado, a cambiar comida.
Cruzé el puente y caminé por la carretera, hasta que llegué a la huerta. Mi madre estaba arrancando los vegetales, y le eché una mano.
-Mamá.-Le pregunté.-¿Por qué papá se ha ido al castillo de Lord Oswell?
-Pues...-Dijo mi madre pensativa.- Porque Lord Oswell le ha pedido que vaya a su castillo para ver como nos van las cosas.
-Mamá, soy lo suficientemente mayor como para saber que papá se ha ido a alistarse al ejercito por necesidad de fuerzas en la batalla contra Lord Osnald.
-Entonces, ¿porqué has preguntado, hijo?
De repente, ví una figura corriendo por la carretera, hasta que me enteré que era mi hermano:
-¡Venid rápidamente a casa!-Dijo mi hermano rojo como un tomate-¡Es muy importante!
Spoiler para Capítulo 1: Un Largo Camino:
Nos pusimos en camino corriendo, hasta que llegámos a nuestra casa.
-¡Mamá, corre, entra!-dijo mi hermano con la cara roja-.
Mi madre abrió la puerta, que conducía al comedor. De repente, mi madre entró como un rayo en el comedor, y se arrodilló entre llantos.
Conseguí ver lo que había: el cadaver de mi padre con cuatro flechas en el pecho, y cerca de él, un soldado. Me acerqué a mi padre, con los ojos llenos de lágrimas.
-¡¡¡Noooooooooooooooooo!!!-grité con desesperación-.
El soldado, a continuación, se dirigió a mi madre y le dijo:
-Lo siento, su esposo murió en el combate con todo el honor que se merecía, defendiendo a sus compañeros.
Mi madre volvió a derrumbarse; parecía otra persona. Me acerqué a ella y le abrazé con todas mis fuerzas.
No consigo dormirme, el soldado, que seguramente era el capitán, me acaba de decir que tenemos que alistarnos yo y mis hermanos en la batalla de mañana, mis hermanas se quedarán para ayudar a mi madre. Me levanté de la cama, y caminé por mi habitación, y decidí salir afuera para poder despejarme.
Mientras contemplaba las aldeas que estaban cerca de nuestra casa, mientras me inundaba un huracán de pensamientos: ¿Por qué las guerras? ¿Por qué ha muerto mi padre? ¿Por qué tengo que ir al ejercito? ¿Qué me pasará allí? ¿Moriré en la guerra con mis hermanos?
Agaché la cabeza intentando encontrar una explicación para esas preguntas, pero no podía. Oí unos pasos por el establo, y ví que se trataba del capitán.
Él se percató de mi presencia, y me dijo:
-Sé que estás preocupado por el mañana, pero tienes que tener fuerzas. Allí encontrarás todo el honor que se pueda tener: Defender a tu patria, a todo lo que amas, todos los tesoros que tienes escondidos en el corazón, hasta el más pequeño de ellos, defiéndelos, y no dejes que te los quiten, para nada.
Yo le respondí, sorprendido por su actitud:
-Gracias por lo que me acaba de decir, capitán. Me ha animado mucho.
Me fui a dormir, con la esperanza de que todo pudiese salir bien.
Me desperté con el canto del gallo. Desayunamos y nos despedimos de mi madre. Mientras mis hermanos salían, mi madre me dió algo:
-Cariño, toma esto.-Dándome un collar de oro- Es lo que le dí a tu padre, pero tu heredarás nuestro futuro, y por favor, recuerdame.
-Mamá, te juró que no te olvidaré jamás, te llevaré en mi corazón.-Dije poniendome el collar, y abrazándole con todas mis fuerzas-.
Noté sus lagrimas rozando mi armadura.
Nos fuimos al establo el capitán y mis hermanos, y a cada uno nos dió una espada, un escudo y un casco.
-Es el armamento que llevaban los caidos en la batalla.-Nos dijo mientras nos lo repartía-.
La protección, la espada y el escudo me pesaba tanto que no podía ni moverme.
-Ya te acostumbrarás.-Me dijo el capitán-.
A continuación, nos montamos en nuestros repectivos caballos.
El paisaje era desolador: Cadáveres del bando enemigo, y la mayoría del nuestro. Casas quemadas, en ruinas, o simplemente reemplazadas por palos quemados.
Después de bastante tiempo, paramos en un rincón del terreno.
Apartamos los restos de carne humana (Lo cual me produjo un gran escalofrío) y nos sentamos para comer y descansar.
No hablamos ni una palabra, sino que evitávamos sacar un tema, no teníamos fuerzas.
Después del almuerzo, nos dirigimos al bosque, donde según el capitán, era el punto de encuentro para reforzarnos.
Al fín, llegamos al punto de encuentro, y nos sorprendió lo que vimos: Miles de hombres, de todas las aldeas, convertidos en soldados.
-Al fín llegáis, tenemos que ir ugentemente al castillo, lo están atacando.-Dijo el que parecía ser el jefe-.
Entonces, oímos un movimiento entre los árboles, y gritaron:
-¡¡Emboscada!!
Spoiler para Capítulo 2: Vida o Muerte:
Después del aviso, todo nuestro grupo se revolvió. Yo, con una confusión total, saqué mi espada, respiré hondo, y me avalanzé al primer enemigo que ví.
-¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaah!!!-Grité clavandole la espada en el pecho-.
El enemigo, chorreando de sangre, cayó al suelo; y sentí una sensación de rabia y de orgullo, que me dió mas ganas de seguir. A continuación me rodearon dos soldados, intenté huir, pero eso no era otra opción, así que decidí plantarle cara.
-Niño, tira el arma de una vez, sino quieres morir.-Me dijo el enemigo que estaba delante mio.-Si no, tendrás que soportar el acero de nuestras espadas.
-Intentadlo, ya todo me da igual.-Dije con un arranque de valentía-.
Entonces, el primer enemigo levantó la espada e intentó cortarme la cabeza de un solo tajo, pero afortunadamente conseguí pararlo con el escudo, el segundo me golpeó con el puño en la cara, y del golpe me caí al suelo. De repente, el que me había dado el puñetazo, se cayó al suelo chorreando de sangre, y me enteré que le había atravesado la espada de su compañero cuando intentaba darme a mí. Aproveché el despiste y le corté la cabeza a mi atacante. Ya no podía más, el cansancio me mataba, así que me subí al caballo.
-¡¡Capitán, hermanos, venid!!-Dije mientras me subía al caballo-.
Solo vino el capitán, arrastrandose con toda la armadura ensangrentada, con una herida en el pecho.
-Ugh... corre... al cast...al castillo.-Dijo el capitán entre jadeos-.
Yo le ayudé a montarse en el caballo, pero el se negó.
-¡¡Vete, vete, corre hacia el castillo... antes de que sea tarde!!-Dijo haciendo un terrible esfuerzo.
No me dejó otra opción, así que huí de la emboscada.
Ya llevo días cabalgando, estoy medio moribundo, o más bien loco.
-¿Así es como acaban los soldados? ¿Sin rumbo después de una batalla?
Saqué lo que me quedaba de comida y de agua, y me lo comí con pena, ya que no quedaba nada más. Ya era noche, y tenía demasiado sueño. Cuando cerré los ojos, sentí una sensación muy rara, y volví a abrir los ojos. Me molestó demasiado no poder tocar esa sensación, así que cerré de nuevo los ojos, y súbitamente, me dormí. Soñé con un campo de batalla, una gran ciudad, con una muralla gigante, y yo estaba allí, defendiendola, pero era más mayor, y controlaba a miles de soldados. Disfrutaba viendo todo ese sueño, hasta que una flecha me atravesó.
-¡¡¡Aaaaaaaaaaaaah!!!-Grité mientras me levantaba, y comprendí que había tenido una pesadilla-.
Estaba chorreando de sudor, y me monté en mi caballo, poniendo rumbo a mi destino: el castillo de Brons, la gran ciudad.
No tardé ni un día en llegar al castillo, que estaba en el corazón de la ciudad.
Pude observar la gran belleza del lugar: Sus edificios y murallas estaba construida con grandes bloques de piedra blancos, estanques en los lugares más grandes, estatuas, iglesias, puestos del mercado...etc. Me recordó a mi madre, y me toqué el collar, si seguía ahí, y menos mal, todavía seguía en su sitio. Por fín llegué al castillo. Era impresionante, aún más que la ciudad, tenía alfombras de color rojo y amarillo con bordados negros y blancos. Las ventanas tenían una forma cuadrada, por donde entraban ráfagas de luz. Entré en la sala del trono del rey, más bien de Lord Oswell. Me recibió bastante bien, y me dijo:
-¿Por qué tú, soldado valeroso, estás aquí, y no combatiendo a los traidores de Lord Osnald?
-Mi señor, he abandonado el grupo de acogida de fuerzas por el consentimiento del capitán, ya que nos tendieron una emboscada, y solo yo he podido escapar.
Lord Oswell parecía cada vez más desanimado por la noticia:
-Hace tiempo que estoy en guerra contra Lord Osnald, mi hermano.-Dijo mientras observaba la ciudad por la ventana.-Y esto es lo único que me queda: mi ciudad y mi gente. Por eso, debemos defender nuestra patria, aunque no tengamos suficientes fuerzas, tendremos que tener valor ante esos bastardos.
De repente, la puerta de la sala del trono se abrió de un portazo, y entró un soldado:
-¡¡Mi señor, están atacando las aldeas de la ciudad!!
Spoiler para Capítulo 3: ¡¡Cargad!!:
El rey se puso pálido, ya que, las aldeas estaban muy cerca de las murallas de la ciudad y eran las primeras defensas.
-¡¡Enviad veinte jinetes, treinta arqueros y cincuenta legionarios!!-Dijo el rey con energía.-Joven, ¿cómo te llamas?
-Me llamo Arkash.-Le respondí pensando en las vidas que se podían salvar si nos dábamos prisa-.
-Arkash, ponte en marcha, móntate en un caballo y vete con ellos, debes cumplir la labor.
-Sí, mi señor, ahora mismo.
Salí corriendo con el pequeño ejército de defensa. Por fin llegué al establo, me monté en mi respectivo caballo, y salimos de la ciudad. Pude ver las aldeas, o mejor dicho, un infierno de fuego, sangre y humo.
Y delante de nosotros, una línea de enemigos: lanceros, legionarios, etc.
-¡¡¡A la carga!!!-Dijo el capitán de los jinetes-¡¡¡Por vuestra patria!!!
Mi caballo empezó a trotar como los demás, mientras los gritos de sus respectivos jinetes.
Sentía el viento en la cara, era una sensación increíble, mi cabello estaba a merced del aire, una sensación igual que el sueño…
Pero entonces, me acordé de la batalla, desenfundé mi espada, puse mi escudo a mi altura, y me preparé para el choque.
-¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!!!-Grité lleno de valor-.
¡¡¡¡¡Blam!!!!! El choque fue brutal. La mayoría de enemigos cayeron al suelo en redondo, pero no estaban muertos.
De repente, algo me tiró del caballo: era un enemigo, que me había agarrado y me había tirado. Conseguí levantarme, e intenté levantarme, me arrastré por el suelo para coger la espada, pero el legionario que me había tirado del caballo me pisó la mano.
Le di una patada en el estomago, pero fue inútil, él me cogió de la armadura, me zarandeó, sacó su daga, y me la clavó en el brazo.
-¡¡¡¡Aaaaah!!!!-Grité con dolor-.
El brazo no me paraba de sangrar, y mi atacante desenfundo su espada para matarme.
-Mi fin.-Pensé-.
Entonces me acordé de mi madre, mis hermanos, y las palabras del capitán:
“Defiende a tu patria, a todo lo que amas, todos los tesoros que tienes escondidos en el corazón, hasta el más pequeño de ellos, defiéndelos, y no dejes que te los quiten, para nada”
Así que hice un gran esfuerzo y le agarré el cuello al enemigo.
Forcejeamos tanto, que pensé que los brazos me iban a reventar de la tensión, pero conseguí partirle el cuello.
Me levanté, y busqué entre la multitud de caballos al mío.
Pude verlo en el poblado, solo y confuso, así que recuperé mi espada, pero como el brazo izquierdo lo tenía herido, el escudo me lo colgué en la espalda, y la espada en mi brazo derecho.
-¡¡Apunten, fuego!!-Oí gritar al que parecía el capitán de los arqueros aliados.
¡¡¡Fiuuuuuuuuuuuuu!!! Las flechas acribillaron a los únicos enemigos que faltaban, ya que nosotros avanzamos a la aldea.
Conseguí acercarme a mi caballo, y me monté en él.
Pusimos a salvo los aldeanos en el castillo, y aseguramos todas las aldeas.
Lo que quedó de nuestro ejército se reunió en la aldea más grande.
-Nos queda muy pocas fuerzas: Solo dos jinetes, dieciocho arqueros y 6 legionarios.-Dijo el capitán del ejército-.
-Tendremos que pedirle al rey refuerzos, ya que nuestros espías han detectado más tropas en camino.
Yo me alejé de ellos y caminé a la única fuente de esta aldea que todavía seguía en pie.
Me limpié la sangre y los rasguños, y pensé:
-¿Podremos vencer de una vez esta guerra?
Spoiler para Capítulo 4: Un cargo pesado:
No paraba de pensar en todas las cosas que habían pasado, y me llegó una pregunta algo rara.
-¿Por qué me pasan todas las cosas a mí? ¿No pueden los Dioses dejarme tranquilo?-Pensé mirando al cielo-.
Al parecer había pensado en voz alta, ya que un soldado me oyó y vino hacia la fuente.
Era de mediana estatura, con media armadura destrozada, era moreno y de piel negra, y me dijo:
-Joven, los Dioses no tienen culpa de eso, ya que a millones de persona en todo el mundo le pasa igual que a ti, o quizás peor.
Pero no le eches la culpa a nadie, ni a los Dioses, ya que es ley de vida.
-Eh…yo...bueno…gracias por decírmelo.-Dije sin atrever a mirarle a la cara-.Pero, ¿por qué no estás con ellos?-Pregunté refiriéndome a los legionarios, que andaban ciegos de cerveza-.
-No pasa nada, no hace falta dar las gracias; y sobre ellos…-Dijo haciendo una pausa-.No te dan muy buen ejemplo.
Una cosa, ¿cómo te llamas, joven?
-Me llamo Arkash.-Dije alegrado de tener un amigo-. Y vivo… bueno, antes vivía en una granja con mis siete hermanos y hermanas.
-Yo me llamo Tioj, y me alistaron a la guerra hace dos años, ya que mi pueblo estaba en guerra, y llegué a parar aquí debido a que mi barco se derrumbó por una tormenta y las olas me arrastraron. He aprendido vuestro idioma muy rápido, es fácil.
Él me dio la mano, y nos hicimos amigos.
Ya han pasado dos días después del la salida del castillo, y hemos triplicado las defensas en las aldeas: se ha construido una empalizada gigante que rodea todas las aldeas, hemos construido barricadas a las afueras, tenemos varias trampas por los desfiladeros en los que avanzará el ejército de Lord Osnald, se han apostado centenares de arqueros en las empalizadas y contando con los arqueros, jinetes, legionarios y lanceros, formamos un gran ejército de diez mil soldados, todos los del reino, y una parte mercenarios.
Durante este tiempo me he dedicado a practicar técnicas de combate con Tioj, ya que él me saca mucha ventaja, y los guerreros de Lord Osnald son muy fuertes y expertos en la batalla.
-¡¡Atención todos los legionarios!! ¿Hay alguno que se llame Arkash? ¡¡El rey pide a ese soldado que vaya al castillo!!-Anunció un emisario del reino-.
-¡Soy yo!-Dije corriendo hacia él-.
-Corre, muchacho, el rey pide que vayas inmediatamente.
Cogí mi caballo, y me despedí de Tioj. Mi caballo galopaba lo más rápido que podía. Tenía algo de miedo, bueno, lo cierto era que estaba temblando. Hace ya dos días que he hablado con el rey, y no sé si su estado habrá cambiado.
Llegué a la puerta de la sala del trono, respiré hondo, y pedí permiso.
-Arkash, muchacho, acércate.-Dijo Lord Oswell, sentado en su trono-.
Le obedecí y, con paso tembloroso, me arrodillé ante él.
-No hace falta que te arrodilles, no quiero que ningún habitante, soldado o cualquier persona se arrodille ante mí.
Bueno, el asunto que te quería decir es que, como según me han dicho mis capitanes, has luchado bien, te nombro mi guerrero particular.
-¿¡Qué?! Pero, pero… ¡Pero si no estoy preparado para eso! ¡Y yo no tengo experiencia para este cargo!-Dije intentando deshacerme de este lio-.No puedo aceptarlo.
El rey se levantó del trono, y me dijo:
-Debes aceptarlo, es una orden Arkash, tendrás más gloria, honor y sobre todo, poder. Acéptalo, o si no tendré que tomar medidas que no quiero usar contigo.-Dijo agarrándome del cuello-.
Mi respiración se agotaba, y su paciencia también, así que no tuve más remedio.
-S…si. Acepto el cargo.-Dije mientras notaba una sensación de alivio al soltarme el cuello-.
-Ahora vete a tu puesto.
Ya es de noche en la séptima línea de defensa, y no pude evitar contarle a Tioj lo ocurrido.
-Tioj, tengo que contarte una cosa, pero no se lo digas a nadie por ahora.
-Claro que no lo diré, lo juro.
-Bien. Cuando Lord Oswell me mandó ir a su castillo, era para ofrecerme un cargo de guerrero particular, se lo negué y me agarró
Por el cuello amenazándome, y no me quedó otra opción que aceptar.
A Tioj le cambió la cara, y me advirtió:
-¿Sabes que son los guerreros particulares del rey o de las personas de alto mando?-Me preguntó mientras yo negaba con la cabeza a su pregunta-Son los guerreros que en este país están puestos al peligro, de cuando el rey perjudica o hace malo a la gente, le sacrifican en lugar del rey.
Yo me quedé con la boca abierta, sorprendido por la advertencia.
-Entonces… eso significa…
-Si Arkash, este hombre, lo que quiere es matarte.
Spoiler para Capítulo 5: Cambio de planes:
Capítulo 5: Cambio de planes
He hablado con Tioj sobre lo del guerrero particular, y he decidido huir del territorio de Lord Oswell para poder conservar la vida.
Mientras estaba preparando mis cosas en mi pequeña casa en ruinas, bueno, ciertamente no es mía, sino de los aldeanos muertos; se acercó Tioj para decirme algo:
-Arkash, tienes que darte prisa en irte, no debes quedarte mucho tiempo.-Dijo con el rostro lleno de tristeza-. Si no, tu plan no funcionará.
-No pasa nada Tioj, lo tengo todo controlado. Saldré por la noche.-Le respondí-. No me verán el rostro con la oscuridad.
Terminé de recoger mis objetos y los metí en un saco, que lo dejé oculto entre unas piedras.
Comí un poco de carne con mi inseparable compañero de guerra, y me puse a afilar mi espada.
De repente, unos soldados llegados de la gran ciudad pregonaron:
-¡¡Debido a las decisiones del rey y su grupo de consejeros, no se podrá salir del fuerte construido y sus defensas y de la gran ciudad!!
Tioj y yo nos quedamos helados por el mensaje dado por los guerreros, y eso solo significaba una cosa: no había salida.
Los dos nos retiramos a las ruinas de mi pequeña casa.
-¡¿Y ahora qué?!-Grité yo, sin control-¡No puedo salir de este territorio! Mi muerte está asegurada.
-Cálmate, lo primero es conservar la cordura.-Dijo Tioj intentando calmarme- Tendremos que inventar otro plan de la misma simpleza y eficacia que el otro, pero no va a ser tan fácil como antes.
-Podría esconderme en un carro de algún mercader, pero como ya no se puede transitar por estos caminos.
-Tengo una idea, Arkash. ¿Por qué no aprovechas el tiempo en el que estén atacando el fuerte a escaparte esta noche? Con toda la confusión de la batalla, nadie te localizará.-Propuso Tioj- Es un buen plan.
-Un momento, ¿cómo es que estás tan seguro de que atacarán esta noche?
-Supongo que tendré que contarte la verdad: Soy un espía contratado por Lord Osnall, para desbaratar la asegurada victoria de Oswell. Me conseguí infiltrar en el ejército, y recoger valiosa información, y creo que ya es hora de informar a Lord Osnall.
Lo de la batalla, lo ha planeado mi general. Tiene plazos en los que atacará a Oswell, debilitando así sus defensas.
-Vaya… eso explica tus continuas desapariciones por nuestra legión. Entonces, ¿nos iremos los dos juntos de aquí?
-De aquí, creo que sí; pero tendremos que separarnos en medio del camino, porque me someteré a muchos peligros, y además no quiero involucrarte en esto.
-Vale. Entonces, queda esperar.
Un sonido de una piedra estrellándose contra uno de los numerosos cuarteles del fuerte nos sobresaltó, a nosotros y a los demás.
-¡¡Creo que no habrá tiempo para eso!!-Exclamó levantándose y cogiendo sus armas-¡¡Vámonos de aquí!!
Cogí mis armas y mi saco. Salimos corriendo de la casa, y miré al cielo: ya era de noche.
Entonces, la empalizada de la primera defensa exterior se derrumbó, abriendo paso a un gigantesco ejército; el ejército de Lord Osnall. Dos legiones de guerreros, jinetes y arqueros salieron del fuerte, lanzando maldiciones a los contrincantes, hasta que se lanzaron a la carga los dos ejércitos, provocando temblores increíbles en el suelo, haciendo difícil mantener el equilibrio.
-¡¡Ahora!!-Gritó Tioj-.
Nos abrimos camino entre la batalla, y pudimos salir con vida, pero con varios rasguños y heridas muy leves.
-¿Estás bien?-Le pregunté, mientras el asentía con la cabeza-.
Salimos fácilmente por la gran apertura hecha por el ejército de Lord Osnall en la empalizada.
Todo era un paisaje desolador, muertos tirados por todas partes, y casas y otras construcciones en ruinas. Me recordó mucho a cuando estaba con el capitán.
Avanzamos por un angosto acantilado, con miedo por si alguna roca se nos caía encima o nos bloqueara el camino.
-¡¡¡Ahí están!!!-Indicó una voz, con un tono un tanto agresivo-¡¡Atrapadlos!!
Volvimos la cabeza, y vimos unos cuantos soldados detrás nuestro, no muy lejos. Eran pocos, pero iban muy bien armados.
-¿Qué hacemos?-Le pregunté a Tioj en voz baja-¿Luchamos o huimos?
-Tendremos que huir, no nos queda otra opción. Será mejor que provoquemos un desprendimiento de rocas para bloquearles el camino.
-¿Con qué?
Tioj rebuscó en su bolsillo y encontró algo parecido a un candil con pinchos alrededor de él, y un fuego encendido dentro.
Buscó de nuevo en su bolsillo y sacó unos polvos, que los mezcló con el fuego y lo tiró rápidamente arriba, y explotó tremendamente.
Corrimos mientras caían rocas de tamaño colosal.
Cuando por fin dejamos de oír el ruido de los derrumbamientos, miramos atrás para observar si estábamos fuera de peligro.
Vimos toneladas de rocas acumuladas en la salida del acantilado.
-¿Qué era eso?-Pregunté mientras respiraba forzosamente debido al cansancio y el polvo provocado por el desprendimiento-¿Era magia?
-No Arkash, no es magia; es pólvora. Son polvos que, combinados con fuego, provocan una gran explosión.
-¿De dónde lo has sacado?
-Me lo dio un sabio, mientras viajaba por todo el mundo. Ahora, sigamos.
Caminamos media jornada, hasta que Tioj se paró en medio de la carretera, y me dijo:
-Bueno, aquí nos separamos. Espero que te vaya bien.
-Supongo que sí. ¿Nos volveremos a ver?
-Lo más posible es que no, pero quien sabe.
Nos abrazamos todo lo fuerte que pudimos, y se fue por uno de los cinco caminos del bosque, perdiéndose en la lejanía.
Spoiler para Capítulo 6: Un destino desagradable:
Capítulo 6: Un destino desagradable
Me quedé un rato parado en mitad del camino pensando:
-¿A dónde iré? ¿Cómo sobreviviré? Y… ¿cómo me alimentaré?
De repente, el sonido de un trueno anunció una buena tormenta, y eso solo significaba una cosa: Tenía que buscar refugio.
Empecé a correr todo lo rápido que pude, mientras las gotas caían en mis extremidades y por todo el cuerpo, congelándome los brazos poco a poco, los truenos eran cada vez más abundantes, y mi miedo también aumentaba.
Entonces, noté un pequeño pinchazo en la espalda, se me empezó a nublar la vista; y de pronto, caí al suelo de bruces.
Me desperté con un terrible dolor en los brazos. Conseguí abrir los ojos, y me pude ver mis heridas: Cortes poco profundos, pero de largo recorrido por todo mi cuerpo, y desgarros en las piernas. Abrí los ojos un poco más, y me quedé insólito: Me encontraba en una celda, y a mi lado estaban dos guerreros, o lo habrían sido debido a sus armaduras y cascos, tumbados a mi lado, muertos.
Intenté moverme, pero lamentablemente también descubrí que estaba atado a cuatro cadenas. Aparté todo lo que pude los cadáveres de los dos guerreros, y me tumbé para poder dormir, pero no podía; debido a los horrorosos gritos y llantos que se escuchaban. Pude recordar algo de lo ocurrido: algo se me clavó a la espalda, y me caí al suelo, sin conocimiento.
En ese mismo momento, vi que alguien abría la puerta de la celda: Un hombre calvo, muy grande, musculoso, y sobre todo, muy feo y sucio. Aunque no pude criticarle por la falta de higiene, porque si no, yo sería el primero en ganar.
-¡Tú, niño, levántate!-Dijo con un tono de voz que no me gusto mucho como sonó-.
Le obedecí silenciosamente, y me llevó fuera de la celda.
Las paredes eran negras, húmedas, incluso podría caerse todo el techo por la viga, si a eso se le podría llamar viga.
Observé a los prisioneros: estaban en un estado lamentable, unos sin piernas, manos, o incluso sin ojos. Sus rostros lo decían todo.
Entonces, el carcelero me detuvo en una puerta de madera, gruesa y con una gran cerradura. Mi “guía” rebuscó entre su manojo de llaves, y abrió la puerta.
Vi el causante de mis heridas y las de los demás prisioneros: un hombre con un hacha preparada.
Un hombre me puso el brazo en el tocón de un árbol y me lo sujetó. El hombre del hacha la levantó, y cerré los ojos.
Oí el ruido del silbido de una flecha muy cerca de mí. Abrí los ojos y miré atrás, y vi a mi salvador: un hombre no muy alto, rubio y con un largo pelo y con un gran arco. De repente, mi salvador se fue corriendo hacia las celdas.
-¡¡Eh, espera!! ¿Adónde vas?- Le pregunté, confuso-.
Le seguí, esquivando las peleas que se producían entre unos hombre con un cierto parecido a mi salvador y los guardias de la prisión; y vi mi equipaje. Lo cogí y me dirigí a la salida, olvidándome de la probabilidad que había de seguir a aquel arquero.
Salí junto a decenas de prisioneros, y por fin pude respirar aire puro. Me encontraba en un bosque, y había charcos y restos de la gran tormenta, lo que significó que me encontraba cerca del lugar donde perdí el conocimiento. Caminé por uno de los caminos del bosque, echando a suertes mi futuro.
Después de un tiempo, me sonaron las tripas, y empecé a buscar en mi zurrón un poco de comida.
Saqué un poco de pan y algo de carne, y me lo comí rápidamente.
Seguí caminando y encontré restos de una batalla, y de un par de aldeas que todavía seguían en pie, y eso significaba que podría haber alguna pequeña ciudad o un pueblo muy grande más adelante.
Empecé a correr más deprisa, impaciente por poder entrar en la ciudad o en el pueblo.
Entonces, pude ver unas grandes murallas, eran preciosas, y me acerqué a la puerta para entrar.
Spoiler para Capítulo 7: Un reencuentro sorpresa:
Sin ninguna duda, fui a la puerta de la muralla, no por mi propia voluntad, sino por una fuerza que me atraía a entrar.
Empecé a caminar hacia la puerta, pero un guardia me detuvo, y me dijo:
-¿Qué haces aquí, niño? ¿Y cómo es que tienes armas?
-No es asunto tuyo.-Le respondí de mala manera-.
-Niño, será mejor que me lo digas, o tendré que meterte en el calabozo.
Recordé la experiencia pasada en el anterior calabozo, y me apresuré a decírselo:
-Pues verá, es una historia muy larga: El ejército de Lord Oswell me reclutó para marchar a la guerra…
-¡Un momento! ¿Estás del mando de Lord Oswell?- Me preguntó agarrándome del brazo-.
-Ahora no, pero seguiré: Perdí a mis hermanos y a mi capitán en una emboscada, y me fui a Brons, la gran ciudad, para comunicarle al rey la emboscada, cuando unos soldados de Lord Osnall atacaron las aldeas cercanas a la ciudad, y fui con unas cuantas tropas para defenderla. Después de unos días, Lord Oswell intentó matarme, y huí de la ciudad.
-Vaya, muchacho, eres muy bueno contando cuentos. ¿Y cómo puedo confiar en ti, si seguro que eres un espía de Oswell?
-Os lo aseguro, podéis confiar en mí, mi señor.-Dije tratando de deshacerme de él-.
-Bueno, por ahora, puedes entrar a la ciudad, pero te tendremos vigilado, chico-. Me respondió-.
Después de la conversación, me dirigí a la entrada de la ciudad. Cuando por fin salí de la puerta de la muralla, me quedé asombrado de la belleza de sus edificios, eran igual de bellos, o, quizá más de los de la ciudad de Lord Oswell.
Sus habitantes iban vestidos, unos con ropa vieja y trapos sucios, que podrían ser robados, y otros con vestidos y trajes muy formales, que deberían ser los hombres y mujeres de alta cuna.
Los edificios eran de piedra blanca y negra, Iglesias con unas vidrieras de grandes y vivos colores, mercados llenos de comerciantes y compradores, estanques muy bellos, escuelas, teatros… etc.
Ya era de noche, y seguía vagando por las calles de la ciudad, que en realidad, era más pequeña de lo que esperaba.
De repente, vi un grupo de encapuchados que iban vestidos con una túnica de color negro que les tapaba todo el cuerpo, en una de las estrechas calles de un barrio, siguiendo sigilosamente a quien debería ser su líder, que iba vestido igual que ellos, salvo que tenía una insignia en forma de escudo, y con dos espadas cruzadas puestas en el centro.
Me oculté en un callejón para salir desapercibido, pero mi idea solo quedó en fracaso, y un desconocido me agarró del brazo y me condujo, misteriosamente, en lo profundo del callejón, y no a la salida. Cuando por fin se marcharon los encapuchados, me dijo:
-Hola de nuevo, Arkash.-Dijo el extraño que me había agarrado del brazo, y que tenía un gran parecido al capitán- No salgas todavía, pueden verte.
-¿Quién eres?-Dije extrañado de que supiese mi nombre, hasta que caí en la cuenta de que era el capitán-Pero, ¿¡Capitán, que hace usted aquí; no había muerto?
-Arkash, me alegro de que me reconozcas, y no, no había muerto. Conseguí hacerme con un caballo, y después de unos días recuperándome en una aldea, puse rumbo a Brons, y entonces me enteré que estabas huyendo de Lord Oswell, así, que decidí seguirte.
-Estaba huyendo de Lord Oswell debido a que me traicionó, y me intentó matar…-Dije sin poder acabar la frase, ya que el capitán se anticipó-.
-Porque además de traicionarte a ti, traicionó a todo su reino, ya que ese descarado villano solo deseaba el poder de dominar el mundo entero y acabó por destrozar a su ciudad, a sus habitantes y a él mismo. Lo que no sé es por qué quería matarte a ti.
-Ni yo, ¿y quiénes eran esos encapuchados de negro? Vi que su líder tenía una insignia con dos espadas cruzadas.
-Aquí, en esta ciudad, hay una conspiración por el poder de la corona, entre Esvell y Sagh, dos líderes dispuestos a luchar entre sí para poder controlar esta ciudad. El líder ganador tendrá que batallar contra el ejército de Lord Osnald, que es a quien pertenece esta ciudad. Estos rumores se han estado extendiendo hasta que han sido confirmados, y un grupo de soldados especializados en estos casos, en quien me incluyo, ya que estoy en ese grupo, tendrá que detener esta conspiración, porque de lo contrario, Lord Osnall estará acabado.
-Un momento,-Dije yo, muy confuso-¿entonces, tú eres un espía de Lord Osnall?
-Así es, Arkash. Me contrató para poder averiguar el número de traidores y espías que tiene Lord Oswell a su mando y poder eliminarlos.
En ese mis momento, el derrumbe de la fachada de una catapulta nos sobresaltó, y caímos en la cuenta de que estaban atacando la ciudad.
Spoiler para Capitulo 8: Un nuevo mundo:
Salimos corriendo, y la fachada se desplomó en la callejuela donde estábamos antes, provocando más derrumbes, como si fueran fichas de dominó. Mientras íbamos alcanzando las almenas de la muralla para reunirnos con el batallón de soldados, vi a todos los ciudadanos corriendo desorientados.
-¡Capitán, debemos salvar a los ciudadanos, o serán un blanco fácil para las flechas y las catapultas!-Dije cada vez más cansado-.
-No podemos hacer nada por ellos, Arkash. Lo mejor será que la Guardia Real se ocupe de dar órdenes más claras.-Me respondió.
Por fin llegamos a lo alto de las almenas, y enseguida comprendimos a que se debía tanto alboroto:
Un ejército estaba dispuesto en la puerta, con varios arietes para derribarla, y atrás, las catapultas.
Un comandante del ejército de la ciudad, que se encontraba en uno de los puestos de la almena, nos advirtió:
-Debéis bajar de las almenas, estáis en un gran peligro.-Dijo mientras intentaba reanimar a un soldado alcanzado por una flecha-.
-Vosotros también corréis el riesgo de ser alcanzados por una catapulta-.Dijo el capitán, iniciando una pelea-.
-No niegue mis órdenes, capitán, o le aseguro que su cabeza colgará de esta almena-.Dijo con un tono que no me gustó mucho-.
Mientras ellos discutían, me di cuenta de que la puerta a punto de quebrarse, y de que una gran piedra venía hacia nosotros.
Cuando recuperé el reconocimiento, recordé lo que me había pasado. Me intenté levantar, pero no podía, no oía nada y tampoco veía. Entonces, pude percatarme de que encima de mis pies había una gran roca. Me sangraban los brazos, y tenía una flecha clavada en el hombro. “Mi fin”, pensé, mientras se me nublaba la vista y empezaba a caer en la cuenta de que me estaba muriendo. Todo se empezaba a volver oscuro, ya casi no distinguía las sombras de los que luchaban.
Abrí de nuevo los ojos. Ya nada me dolía, y ya no tenía esa gigantesca roca entre mis pies ni la flecha clavada en el hombro.
Me encontraba en una larga pradera, llena de animales salvajes, con grandes árboles, y me encontraba bajo uno de ellos.
Intenté levantarme, y esta vez si lo conseguí. Empecé a caminar por la hierba, y vi un riachuelo que dividía en dos toda la pradera.
Me acerqué y bebí agua. Vi mi rostro reflejado en el agua, mientras me preguntaba lo que me había pasado.
No había ningún enemigo ni fortificaciones, catapultas, hombres, mujeres, niños…
Entonces, mi imagen reflejada en el agua empezó a desaparecer. Lo que vi me sorprendió mucho: La imagen de la ciudad, atacada por un ejército. Habían penetrado en la primera línea defensiva de la ciudad, y el ejército defensor estaba sufriendo varias bajas.
Me acordé de mis armas, y me di cuenta de que no las tenía, se deberían haber caído durante el derrumbe de la almena.
De repente, oí un ruido detrás de mi espalda, y me volví para ver lo que había: Un hombre más alto que yo, vestido con un uniforme de soldado. Al igual que yo, no tenía armas, y le pregunté:
-¿Quién eres y de dónde vienes?
-Soy el espíritu de un guerrero, y me llamo; bueno, antes me llamaba Clairac, y servía a Lord Osnall. Y vengo… de ninguna parte. También me podrías decir cómo te llamas.
-Me llamo Arkash. ¿Y cómo es que no vienes de ninguna parte? Yo vengo de una ciudad.
Clairac me miró con tristeza, y me dijo:
-Arkash, tú estás muerto, al igual que todo lo que hay aquí.
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¡¡He vuelto!!
Última edición por adragon70; 02-Feb-2010 a las 19:15
que bien que decidas continuar tus publicaciones en DC. Al parecer esta nueva historia es completamente diferente a la anterior, veamos que tan bien te desenvuelves en ella...
Gracias por los comentarios, aquí está el tardado capítulo 1, espero que os guste.
Aquí el capítulo 1:
Capitulo 1: Un largo camino
Nos pusimos en camino corriendo, hasta que llegámos a nuestra casa.
-¡Mamá, corre, entra!-dijo mi hermano con la cara roja-.
Mi madre abrió la puerta, que conducía al comedor. De repente, mi madre entró como un rayo en el comedor, y se arrodilló entre llantos.
Conseguí ver lo que había: el cadaver de mi padre con cuatro flechas en el pecho, y cerca de él, un soldado. Me acerqué a mi padre, con los ojos llenos de lágrimas.
-¡¡¡Noooooooooooooooooo!!!-grité con desesperación-.
El soldado, a continuación, se dirigió a mi madre y le dijo:
-Lo siento, su esposo murió en el combate con todo el honor que se merecía, defendiendo a sus compañeros.
Mi madre volvió a derrumbarse; parecía otra persona. Me acerqué a ella y le abrazé con todas mis fuerzas.
No consigo dormirme, el soldado, que seguramente era el capitán, me acaba de decir que tenemos que alistarnos yo y mis hermanos en la batalla de mañana, mis hermanas se quedarán para ayudar a mi madre. Me levanté de la cama, y caminé por mi habitación, y decidí salir afuera para poder despejarme.
Mientras contemplaba las aldeas que estaban cerca de nuestra casa, mientras me inundaba un huracán de pensamientos: ¿Por qué las guerras? ¿Por qué ha muerto mi padre? ¿Por qué tengo que ir al ejercito? ¿Qué me pasará allí? ¿Moriré en la guerra con mis hermanos?
Agaché la cabeza intentando encontrar una explicación para esas preguntas, pero no podía. Oí unos pasos por el establo, y ví que se trataba del capitán.
Él se percató de mi presencia, y me dijo:
-Sé que estás preocupado por el mañana, pero tienes que tener fuerzas. Allí encontrarás todo el honor que se pueda tener: Defender a tu patria, a todo lo que amas, todos los tesoros que tienes escondidos en el corazón, hasta el más pequeño de ellos, defiéndelos, y no dejes que te los quiten, para nada.
Yo le respondí, sorprendido por su actitud:
-Gracias por lo que me acaba de decir, capitán. Me ha animado mucho.
Me fui a dormir, con la esperanza de que todo pudiese salir bien.
Me desperté con el canto del gallo. Desayunamos y nos despedimos de mi madre. Mientras mis hermanos salían, mi madre me dió algo:
-Cariño, toma esto.-Dándome un collar de oro- Es lo que le dí a tu padre, pero tu heredarás nuestro futuro, y por favor, recuerdame.
-Mamá, te juró que no te olvidaré jamás, te llevaré en mi corazón.-Dije poniendome el collar, y abrazándole con todas mis fuerzas-.
Noté sus lagrimas rozando mi armadura.
Nos fuimos al establo el capitán y mis hermanos, y a cada uno nos dió una espada, un escudo y un casco.
-Es el armamento que llevaban los caidos en la batalla.-Nos dijo mientras nos lo repartía-.
La protección, la espada y el escudo me pesaba tanto que no podía ni moverme.
-Ya te acostumbrarás.-Me dijo el capitán-.
A continuación, nos montamos en nuestros repectivos caballos.
El paisaje era desolador: Cadáveres del bando enemigo, y la mayoría del nuestro. Casas quemadas, en ruinas, o simplemente reemplazadas por palos quemados.
Después de bastante tiempo, paramos en un rincón del terreno.
Apartamos los restos de carne humana (Lo cual me produjo un gran escalofrío) y nos sentamos para comer y descansar.
No hablamos ni una palabra, sino que evitávamos sacar un tema, no teníamos fuerzas.
Después del almuerzo, nos dirigimos al bosque, donde según el capitán, era el punto de encuentro para reforzarnos.
Al fín, llegamos al punto de encuentro, y nos sorprendió lo que vimos: Miles de hombres, de todas las aldeas, convertidos en soldados.
-Al fín llegáis, tenemos que ir ugentemente al castillo, lo están atacando.-Dijo el que parecía ser el jefe-.
Entonces, oímos un movimiento entre los árboles, y gritaron:
-¡¡Emboscada!!
que suspenso al final del primer capitulo
muy bien va la historia te felicito me emocione
espero el capitulo 2 pero por cierto tiene nombre el protagonista ?
Me siguen gustando tus historias (que no libros... un libro es algo mucho más profundo y complicado).
Este segundo capítulo me dejó con un gusto por continuar la siguiente parte, aunque no tengo mucha oportunidad para leer en estos días. Pero una semana más y podré dedicar mucho más tiempo a leer.
Sigue esforzándote y redactando, leyendo y releyendo tus historias (sobre todo en voz alta), así podrás identificar las debilidades y fortalecerlas.
Gracias por los comentarios, me habéis animado bastante.
Lo cierto es que el capítulo 1 lo hice rápido, aunque a mi también me ha gustado.
El nombre del protagonista lo pondré más adelante, y aquí pongo el capítulo 2; en el que habrá bastante acción.
Capítulo 2: Vida o Muerte
Después del aviso, todo nuestro grupo se revolvió. Yo, con una confusión total, saqué mi espada, respiré hondo, y me avalanzé al primer enemigo que ví.
-¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaah!!!-Grité clavandole la espada en el pecho-.
El enemigo, chorreando de sangre, cayó al suelo; y sentí una sensación de rabia y de orgullo, que me dió mas ganas de seguir. A continuación me rodearon dos soldados, intenté huir, pero eso no era otra opción, así que decidí plantarle cara.
-Niño, tira el arma de una vez, sino quieres morir.-Me dijo el enemigo que estaba delante mio.-Si no, tendrás que soportar el acero de nuestras espadas.
-Intentadlo, ya todo me da igual.-Dije con un arranque de valentía-.
Entonces, el primer enemigo levantó la espada e intentó cortarme la cabeza de un solo tajo, pero afortunadamente conseguí pararlo con el escudo, el segundo me golpeó con el puño en la cara, y del golpe me caí al suelo. De repente, el que me había dado el puñetazo, se cayó al suelo chorreando de sangre, y me enteré que le había atravesado la espada de su compañero cuando intentaba darme a mí. Aproveché el despiste y le corté la cabeza a mi atacante. Ya no podía más, el cansancio me mataba, así que me subí al caballo.
-¡¡Capitán, hermanos, venid!!-Dije mientras me subía al caballo-.
Solo vino el capitán, arrastrandose con toda la armadura ensangrentada, con una herida en el pecho.
-Ugh... corre... al cast...al castillo.-Dijo el capitán entre jadeos-.
Yo le ayudé a montarse en el caballo, pero el se negó.
-¡¡Vete, vete, corre hacia el castillo... antes de que sea tarde!!-Dijo haciendo un terrible esfuerzo.
No me dejó otra opción, así que huí de la emboscada.
Ya llevo días cabalgando, estoy medio moribundo, o más bien loco.
-¿Así es como acaban los soldados? ¿Sin rumbo después de una batalla?
Saqué lo que me quedaba de comida y de agua, y me lo comí con pena, ya que no quedaba nada más. Ya era noche, y tenía demasiado sueño. Cuando cerré los ojos, sentí una sensación muy rara, y volví a abrir los ojos. Me molestó demasiado no poder tocar esa sensación, así que cerré de nuevo los ojos, y súbitamente, me dormí. Soñé con un campo de batalla, una gran ciudad, con una muralla gigante, y yo estaba allí, defendiendola, pero era más mayor, y controlaba a miles de soldados. Disfrutaba viendo todo ese sueño, hasta que una flecha me atravesó.
-¡¡¡Aaaaaaaaaaaaah!!!-Grité mientras me levantaba, y comprendí que había tenido una pesadilla-.
Estaba chorreando de sudor, y me monté en mi caballo, poniendo rumbo a mi destino: el castillo de Brons, la gran ciudad.
No tardé ni un día en llegar al castillo, que estaba en el corazón de la ciudad.
Pude observar la gran belleza del lugar: Sus edificios y murallas estaba construida con grandes bloques de piedra blancos, estanques en los lugares más grandes, estatuas, iglesias, puestos del mercado...etc. Me recordó a mi madre, y me toqué el collar, si seguía ahí, y menos mal, todavía seguía en su sitio. Por fín llegué al castillo. Era impresionante, aún más que la ciudad, tenía alfombras de color rojo y amarillo con bordados negros y blancos. Las ventanas tenían una forma cuadrada, por donde entraban ráfagas de luz. Entré en la sala del trono del rey, más bien de Lord Oswell. Me recibió bastante bien, y me dijo:
-¿Por qué tú, soldado valeroso, estás aquí, y no combatiendo a los traidores de Lord Osnald?
-Mi señor, he abandonado el grupo de acogida de fuerzas por el consentimiento del capitán, ya que nos tendieron una emboscada, y solo yo he podido escapar.
Lord Oswell parecía cada vez más desanimado por la noticia:
-Hace tiempo que estoy en guerra contra Lord Osnald, mi hermano.-Dijo mientras observaba la ciudad por la ventana.-Y esto es lo único que me queda: mi ciudad y mi gente. Por eso, debemos defender nuestra patria, aunque no tengamos suficientes fuerzas, tendremos que tener valor ante esos bastardos.
De repente, la puerta de la sala del trono se abrió de un portazo, y entró un soldado:
-¡¡Mi señor, están atacando las aldeas de la ciudad!!
Vas bien, ya tiene mas sentido la historia...
lo único malo (de mi punto de vista) es que se parece mucho a tu otra historia, ese niño que se le mueren los papas y muere su grupo...